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Ficha artística “Terror y miseria …”

Título Terror y miseria en el primer franquismo

Autor  José Sanchis Sinisterra

Dirección   Pepa Calvo

Duración    110 minutos

Lugar y fecha de estreno     Teatre Joventut (Hospitalet de Llobregat)
                                                         26 de Septiembre de 2008

Actores / Actrices

Antonio Alcalde  Un profesor/ Jaime/ Jorge  
Dani Arrebola  Jenaro/ Martín/ Leandro/ Miguel
Fco. J. Basilio   Un hombre  
Berton Fernández   Don Cosme/ Antonio
Saida Lamas   Lia/ Carmina/ Pilar/ Julia
Izaskun Martínez  Bailarina/ Marga/ Celia/ Nati 
Eva Poch   Madó/ Benigna/ Remedios/ Teresa

Escenografia  Pepa Calvo/Fortià Coromina
Vestuario    Marian Dorronsoro
Música     Peter Delphinich
Iluminación  Xavier Costas
Peluquería  Carmen Mayor
Técnico de luz y sonido  Pedro Nares
Fotografía    Pilar Aymerich / Xavier Costas
Producción ejcutiva   Fco. J. Basilio
Ayudante dirección    Berton Fernández
Producción    Teatre del Repartidor
Agradecimientos a    Antonio Calderón “Güili”, Consuelo Iglesias , Marina Monclús , Manuel Aznar Soler y Meritxell Calvo .

Con la colaboración   Generalitat de Catalunya – I.C.I.C.
                                            Ajuntament de l’Hospitalet de Llobregat

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Texto de presentación “Terror y miseria …”

Francisco Franco Bahamonde, el general superlativo, General-ísimo y Caudillo por la Gracia de Dios según la propaganda nacional-católica de aquella dictadura militar, es apenas una fotografía para los millones de ciudadanos españoles nacidos ya en democracia, pero tan sólo un vago recuerdo borroso para quienes tienen ahora menos de cuarenta y cinco años. Por eso, para refrescar la memoria colectiva de la actual sociedad democrática española, conviene recordar que la República no hizo la guerra sino que se la hicieron, es decir, que el 18 de julio de 1936 el general Franco encabezó un golpe de Estado militar fascista contra la legalidad democrática republicana que representaba el gobierno del Frente Popular. Y conviene no olvidar tampoco –como afirma don Luis a su hijo Luisito en el epílogo de Las bicicletas son para el verano, obra dramática de Fernando Fernán Gómez- que el 1 de abril de 1939 no llegó la paz sino la Victoria. Y con ella una feroz y cruel represión (cárceles, juicios sumarísimos, fusilamientos) contra los “rojos” vencidos (anarquistas, comunistas, socialistas, republicanos) que no habían conseguido atravesar la frontera francesa para iniciar un demasiado largo exilio.
Así que, a partir de 1939, se implantó en España por razón de la fuerza -que no por la fuerza de la razón- un régimen de terror “azul” que impuso un modelo de vida en donde la Falange era políticamente hegemónica y a la Iglesia católica, que había bendecido la guerra civil como Cruzada, se le recompensaría con el monopolio de una educación concebida como negocio espiritual y material. Una educación nacional-católica que pretendía la formación del espíritu nacional (o mejor, nazi-onal) desde la convicción profunda de que para ser un buen español, amante de la Patria -de una España una, grande y libre-, se debía ser buen cristiano y buen fascista: Cara al sol, prietas las filas, por el Imperio hacia Dios, ¡Viva Franco!, ¡Arriba España!
   José Sanchis Sinisterra, con el telón de fondo del Brecht de Terror y miserias del Tercer Reich, nos plantea en estas ocho escenas –escritas entre 1979 y 2002- algunas situaciones dramáticas que caracterizaron la vida cotidiana durante aquellos oscuros años cuarenta: las miserias de la guerra (Primavera 39); la imposición de una interpretación “oficial” de la historia de España por parte de los vencedores (El sudario de tiza); el hambre (Plato único); la denuncia de la corrupción, el estraperlo y la miseria moral dominante (El anillo); la violencia fascista (Filas prietas); la situación de hacinamiento y de humillación de la dignidad humana en las cárceles franquistas (Intimidad); los miedos respectivos y distintos de dos vencidos republicanos, uno dentro y otro fuera de España (Dos exilios);o el drama de los republicanos ocultos por terror a la represión (El topo).
Ocho escenas, temas y situaciones de la vida cotidiana que, obviamente, no se pudieron plantear en escena abiertamente durante los treinta y seis años de dictadura militar franquista por la existencia de una férrea censura nacional-católica, que impedía la libertad de expresión en un régimen que prohibía también las demás libertades democráticas. Ocho temas de la vida cotidiana que el autor ha querido abordar estéticamente desde una perspectiva múltiple y variada –desde el sainete popular (Plato único) a la “alta comedia” (El anillo)- porque, según él mismo afirma, “cada escena, cada situación, remite a un estilo, a una modalidad teatral diferente”.
  
         Y todo ello, claro está, para reavivar nuestra memoria democrática; para luchar contra el olvido de aquel terror y miserias del franquismo, que no fueron exclusivos de los años cuarenta; para luchar contra el peligro del memoricidio, puesto que, en palabras del propio autor, “para las últimas generaciones –las nacidas tras el “desarrollismo”- toda aquella sorda abyección va camino de confundirse con las guerras carlistas y la rendición de Breda”. O, dicho de otra manera, para que “toda aquella sorda abyección” franquista no se diluya hoy en la niebla edulcorada de la desmemoria y del olvido; para que no sea posible que, en un futuro más próximo que lejano –tal y como alertaba un resistente antifranquista tan lúcido como Manuel Vázquez Montalbán-, en una enciclopedia redactada por intelectuales orgánicos “populares”, los jóvenes españolitos del siglo XXI puedan leer textos “ejemplares” como el siguiente: “Franco, Francisco: general bajo cuyo mandato florecieron las artes, las ciencias y las letras”.

                                                                               Manuel Aznar Soler

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La prensa dice…

AVUI
Lunes 12 de Marzo del 2007

Retablo Valle-Inclán
 

UNA FIESTA VERBAL

Hace falta agradecer a Pepa Calvo su perseverancia al montar clásicos castellanos, a menudo con buen pulso y letra clara. A parte de la Celestina, Lope, Calderón, Moratín, Zorrilla y Lorca, recordamos con especial viveza Los empeños de una casa, de Sor Juana Inés de la Cruz. Ahora se enfrenta al más grande y difícil del siglo XX: Valle-Inclán, que, como actriz, ya la habíamos visto interpretar hace años con el GAT de Hospitalet.
Estos días presenta el Retablo Valle-Inclán en el Tantarantana, espectáculo que inicia y cierra con dos piezas del Retablo de la avaricia: La cabeza del Bautista, que rescribe en clave trágico-grotesca la historia de Salomé y la decapitación del Baptista, y La rosa de papel, ambas de 1924. En medio coloca una pieza de Martes de Carnaval: el esperpento Las galas del difunto (1926), parodia anti-heroica del Tenorio de Zorrilla, donde Valle reivindica las raíces galaicas del mito de un Don Juan irreverente con la muerte.
Son obras rompedoras que prefiguran el distanciamiento Brechtiano y la plástica macabra de Kantor, aspectos que sitúan al autor gallego en la cabecera de la renovación dramatúrgica contemporánea. El montaje de Calvo se pone al servicio del torrente verbal valleinclanesco con sus agudísimos dardos contra la guerra y la religión todavía tan actuales y necesarios. La puesta en escena potencia unas interpretaciones convincentes y de peso, con una diversidad tal que permite a los siete actores hacer los 29 abigarrados personajes que se convocan. Cabe destacar a la Salomé de bajos fondos que incorpora Montse Muñoz y que seguidamente se pergeña de bruja, de sacristán o de Disa; o la versión “ramera” de Doña Inés que realiza Txell Botey y que alterna con la sufrida enferma que se lleva a la tumba a su marido, un Julepe interpretado con soltura por Antonio Alcalde. Un Retablo fluido y eficaz, a pesar de la escasez de recursos.   

FRANCESC MASSIP

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EL PERIODICO 

RETABLO VALL-INCLÁN  

Teatre Tantarantana 8 de marzo de 2007

 

‘VIVAZ Y COLORISTA’

Dos piezas del Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte (La cabeza del bautista y La rosa de papel) y una de Martes de Carnaval (Las galas del difunto) configuran este vivaz y colorista Retablo de Valle-Inclán que el cada vez más consolidado Teatro del Repartidor nos ofrece en el Tantarantana. Son tres piezas independientes planteadas desde un mismo concepto dramático; el del esperpento que halla en lo grotesco su forma de expresión y busca la deformación sistemática de la realidad a través del cual el autor muestra su espíritu crítico y nos sumerge sin contemplaciones en la brutalidad más absoluta mostrando sin tapujos la bajeza humana.
Fiel a su objetivo de contribuir a la difusión de los clásicos, Pepa Calvo –que se ha encargado de versionar y dirigir el montaje- y su troupe han decidido, esta vez, vindicar la obra del genial dramaturgo gallego desde la modestia de una pequeña gran compañía y la sana y nada fácil pretensión de acercarnos a unos autores unas veces temidos y otras sencillamente mal conocidos desde un ángulo más próximo, en formatos más manejables, conjugando rigor, atractivo y accesibilidad.
El otro punto clave reside, por supuesto, en el excelente equipo de actores y actrices que constituyen el grupo, capaces de configurar la más variopinta galería de personajes a partir de una cuidada caracterización y un expresivo juego vocal que incide, voluntariamente, en los diversos registros y argots –tal vez excesivamente remarcados- que pueblan el brillante lenguaje creado por Valle. La escenografía y el vestuario –cuyos cambios se realizan siempre a la vista del público- son de un gran cromatismo y contribuyen eficazmente a la creación de la atmósfera en la que se insieren los cuentos, de entre los cuales destaca la acertada recreación de La rosa de papel, tanto desde el punto de vista interpretativo como conceptual.

NÚRIA SÀBAT

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QUÈFEM?
LA VANGUARDIA (30 de marzo del 2007)
UNA SALUDABLE CARCAJADA ESPERPÉNTICA

Ahora pongamos por caso que no han tenido nunca la ocasión de ver representado un texto de Valle-Inclán: al fin y al cabo, no todos los días ni todas las temporadas se estrenan nuevos montajes del autor de Luces de Bohemia. Y pongamos por caso, incluso, que esto de acercarnos al autor gallego nos produce cierta pereza: ya se sabe que los clásicos imponen un poco. Pues aquí tenemos un espectáculo especialmente adecuado para liberarnos de una vez por todas de tantas manías. Un retablo en forma de tríptico efectivo, directo, construido con la intención evidente de potenciar toda la carga humorística del texto, no sea que el respeto excesivo nos haga olvidar la capacidad cómica del lenguaje del maestro. Y hecho con la imaginación de quien dispone de pocos medios pero sabe cómo sacar jugo de la modestia y de los recursos utilizados con gran eficacia.

Bienvenidos a la casa del Pecado:

Y es que, como ya sabéis, en el escenario os espera la aristocracia local: taberneros con mala conciencia, soldados cargados de medallas sin más valor que el que puede tener la lata vendida al peso, putas con ganas de redención y putas con ganas de aguardiente, borrachos de luto a la búsqueda del tesoro bien escondido que les ha dejado su difunta y lloronas criaturas con cuerpo de marioneta a las que debemos uno de los momentos más hilarantes del retablo. Teatre del Repartidor (que nos ofrece el que probablemente es su mejor espectáculo hasta ahora) no desaprovecha la oportunidad de hacernos reír, incluso a veces remarcando acentos populares de efectividad cómica demostrada (y este quizás, es uno de los elementos más cuestionables del montaje).Pero tampoco pierde la oportunidad de hacer brillar en todo momento la acaparadora riqueza del lenguaje de Valle, tan presente en las réplicas que se dirigen los personajes como en las acotaciones del texto que se incluyen en la representación.

RAMÓN OLIVER

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La prensa dice…

LA VANGUARDIA    Sábado, 12 febrero 2005
Un vodevil de Calderón

JOAN-ANTON BENACH

Hermano pequeño, y un punto desvalido, de La dama duende, escrita seis años antes, El galán fantasma (1635) bebe de la condescendencia que Calderón, coronado ya de fama y prestigio, demostraba para con la clientela de sus comedias de espadachines y enredos amorosos. Si el propio título de la pieza lo emparenta estrechamente con su hermana mayor, el engaño como elemento nuclear de la historia rubrica la fórmula utilizada por el dramaturgo, justo cuando concluía la revisión última de una de sus obras magnas, La vida es sueño. Tal vez no sea arriesgado pensar que las correrías del enamorado Astolfo le servirían al autor de desahogo intermitente con el que aliviarse de un manuscrito por el que navegaban los tormentos de Segismundo.
En cualquier caso, estamos ante una comedia ligera, menor, dentro del repertorio calderoniano, pero con excelentes posibilidades para una acción escénica ingeniosa y saludablemente festiva. Bajo la dirección de Pepa Calvo (Barcelona, 1958), gran conocedora del teatro clásico español, el Teatre del Repartidor aborda la peripecia del galán aparentemente difunto, con el mismo desenfado y energía que hace dos años, y también en el Tantarantana, había en Los empeños de una casa de Sor Juana Inés de la Cruz. Como en casi todos los espectáculos del grupo que aconsejan recortes y costuras, ha sido Pepa Calvo la responsable de la versión de El galán fantasma, servida en una módica ración de 95 minutos. Da la impresión, no obstante, de que a los interpretes les falta tiempo, les falta aire.
Toda la representación registra un ritmo acelerado que, aun cuando asegura la vivacidad de la propuesta, deja algunos cabos por atar y, sobre todo, perjudica la buena dicción del texto. La primera función comenzó tensa, crispada, con unos actores vociferantes e inseguros. Los nervios del estreno, probablemente. Encarrilado el asunto, pronto se echo en falta el requerido sosiego para que en un único espacio escénico puedan tener efecto aquellas maniobras que sugieran el transito de uno a otro campo de operaciones. Desde el jardín de la hermosa Julia y sus alrededores, se producen cambios visualmente inexplicados y movimientos a ninguna parte. Ni siquiera se recurre a los fundidos para indicar que la acción se ha ido de pronto a otro lugar o que entre la que se oscurece y la que se ilumina ha pasado un cierto lapsus temporal. Unos efectos de luz muy marginales no bastan para sugerir el nuevo escenario. De otro lado, y sólo con la anécdota muy avanzada, los intérpretes parecen acordarse de aquella mímica que hace visibles las puertas invisibles que se abren y cierran. Desde luego, el tono apresurado de la historia no es ningún error de montaje sino la estrategia para hacer de la pieza un vodevil de época, con algunos ratos entretenidos y otros que se malogran dentro de un embarullado paisaje.
La interpretación es tan entusiasta como poco uniforme. Destaca el actor que encarna la figura del criado Candil y el brillo de algunos personajes femeninos. Creo que la directora desaprovechó las posibilidades de Susana Egea, mucho mas amplias que las que exhibe una Julia, objeto de deseo de Astolfo y el Duque, exageradamente estática. El programa y los papeles referidos a este galán, todavía inmaduro, inciden en la tonta manía de omitir el reparto del espectáculo. Quizá se trate de evitar las objeciones que pu¬diera merecer alguna que otra actua¬ción. Si es así, felicidades.             

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EL  PAÍS  Miércoles 16 de Febrero DE 2005

TEATRO / El galán fantasma

Teatro Tantarantana, Barcelona, hasta el 13 de Marzo         
           

Begoña Barrena

Un nuevo clásico a cargo de la compañía Teatre del Repartidor.
Una comedia de enredo de Pedro Calderón de la Barca (1600-1681). Si bien  se trata de uno de los títulos menos conocidos de su amplia obra, no deja de ser un virtuoso ejercicio de técnica teatral, de peripecias versificadas, de tramas y subtramas intrincadas cuya gracia principal es el acoplamiento perfecto de todas sus piezas, por inverosímiles que parezcan algunas.
La estructura gira en torno al tema del amor y su contrapartida, los celos. El joven Astolfo tiene relaciones con la bella Julia, quien a su vez es pretendida también por el Duque de Sajonia, cuyos celos le llevan a desenfundar su espada ante Astolfo en un arranque de hombría y herirlo supuestamente de muerte. Como era de esperar, la herida no es mortal y Astolfo pasará a ser el galán fantasma que cortejará a su querida Julia.
La sencilla puesta en escena de Pepa Calvo deja espacio a los personajes para sus exaltadas pasiones y sus intérpretes, curtidos ya en estas lides del barroco español (la mayoría formaron parte del elenco de Los empeños de una casa de Sor Juana Inés de la Cruz, montaje estrenado en este mismo teatro hace un par de temporadas), campan a sus anchas, totalmente hechos a los moldes de la época.

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EL PERIODICO  11 de Febrero 2005

‘EL GALAN FANTASMA’, una de capa y espadas
Teatro Tantarantana   estreno 4 de febrero del 2005

Una comedia inteligente, divertida y explicada con mucho ritmo.

GONZALO PÉREZ DE OLAGUER

El galán fantasma es una de las obras menos conocidas de Calderón de la Barca, sólo representada en Madrid, en estos últimos 60 años, en un montaje de Alonso de Santos en el Teatro Español (1981).
Estamos ante una comedia de capa y espada que juega con la intriga y el vodevil, a través de una historia que enfrenta, por el amor de una joven mujer, a un poderoso Duque (Iván Campillo) y al apuesto y sencillo Astolfo (David Vert). Calderón articula una serie de hechos y situaciones tras la primera escena, llenos de sorpresas y que tendrán un final feliz.
Frente a un texto sencillo y sin complicaciones ideológicas el reto es el montaje, la lectura y la interpretación. Tres retos que la directora Pepa Calvo y el Teatre del Repartidor de L’Hospitalet saldan de manera positiva. El montaje es de una sorprendente agilidad y el verso esta dicho sin buscar la declamación de antaño sino desentrañando el sentido de las palabras.
Después de los excelentes resultados que este grupo obtuvo hace dos años con Los empeños de una casa, de Sor Juana Inés de la Cruz, para muchos el espectáculo que ahora presentan en el Tantarantana no es una sorpresa. Pero la verdad es que sí lo es el buen nivel de la compañía, creada en 1993, con miembros del antiguo GAT, uno de los grupos mas solventes del teatro catalán de los años 70, radicado en esta ciudad.
Calvo lleva con facilidad EI galán fantasma de la tragedia de las primeras escenas a la comicidad y el enredo del resto de la representación, para conseguir un final feliz que, teatralmente, es pura delicia. El reparto, de 10 actores, se mueve con soltura por un escenario de pequeñas dimensiones y una escenografía sin puntos de apoyo para el actor. Es un elenco de actores con experiencia en el que, mas allá de algún grito destemplado, reina la armonía. Destacan los trabajos de Vert, Campillo y una excelente Susana Egea. La funci6n hace del ritmo una de sus mejores bazas. Una agradable sorpresa.

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GUIA DEL OCIO  Barcelona , del 18 al 24 de Febrero 2005

El galán fantasma

Teatre Tantarantana hasta el 13 de Marzo
Una de capa y espada

Pepa Calvo (Barcelona, 1958) lleva varios años trabajando el teatro clásico español con el Teatre del Repartidor, grupo heredero del GAT de L’Hospitalet, uno de los colectivos más significativos del teatro catalán de los 70. Hace dos años presentó en el Tantarantana Los empeños de una casa, de Sor Juana Inés de la Cruz, un esplendido espectáculo. Ahora, Calvo se las ve con EI galán fantasma (1635), una obra de capa y espada de Calderón de la Barca, poco conocida. Alonso de Santos la estrenó en el Español de Madrid en 1981.
Es un texto sencillo y divertido que explica la historia que enfrenta, por el amor de una joven dama, a un poderoso duque y al apuesto Astolfo. La comedia es voluntariamente ligera, pero llena de posibilidades para un montaje ágil y al mismo tiempo atractivo para espectadores sin demasiadas exigencias. EI engaño y la presencia de un galán aparentemente difunto son los pilares sobre los que el autor edifica su obra, que no repara en sorpresas y que se encamina hacia un final feliz.
Mover diez actores en un escenario pequeño siempre es un reto, del que la directora sale bien librada. Les lleva con acierto desde unas primeras escenas de tintes trágicos hasta entrar de lleno en la comicidad. Calvo apuesta par el ritmo trepidante y busca que aquellos no declamen el verso sino que lo digan de manera que se entienda el sentido de las palabras. La representación tiene un buen tono, aunque hay interpretaciones desiguales y en más de un momento el grito tenga excesivo protagonismo.

 GONZALO PÉREZ DE OLAGUER
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