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La prensa dice…

LA VANGUARDIA    Sábado, 12 febrero 2005
Un vodevil de Calderón

JOAN-ANTON BENACH

Hermano pequeño, y un punto desvalido, de La dama duende, escrita seis años antes, El galán fantasma (1635) bebe de la condescendencia que Calderón, coronado ya de fama y prestigio, demostraba para con la clientela de sus comedias de espadachines y enredos amorosos. Si el propio título de la pieza lo emparenta estrechamente con su hermana mayor, el engaño como elemento nuclear de la historia rubrica la fórmula utilizada por el dramaturgo, justo cuando concluía la revisión última de una de sus obras magnas, La vida es sueño. Tal vez no sea arriesgado pensar que las correrías del enamorado Astolfo le servirían al autor de desahogo intermitente con el que aliviarse de un manuscrito por el que navegaban los tormentos de Segismundo.
En cualquier caso, estamos ante una comedia ligera, menor, dentro del repertorio calderoniano, pero con excelentes posibilidades para una acción escénica ingeniosa y saludablemente festiva. Bajo la dirección de Pepa Calvo (Barcelona, 1958), gran conocedora del teatro clásico español, el Teatre del Repartidor aborda la peripecia del galán aparentemente difunto, con el mismo desenfado y energía que hace dos años, y también en el Tantarantana, había en Los empeños de una casa de Sor Juana Inés de la Cruz. Como en casi todos los espectáculos del grupo que aconsejan recortes y costuras, ha sido Pepa Calvo la responsable de la versión de El galán fantasma, servida en una módica ración de 95 minutos. Da la impresión, no obstante, de que a los interpretes les falta tiempo, les falta aire.
Toda la representación registra un ritmo acelerado que, aun cuando asegura la vivacidad de la propuesta, deja algunos cabos por atar y, sobre todo, perjudica la buena dicción del texto. La primera función comenzó tensa, crispada, con unos actores vociferantes e inseguros. Los nervios del estreno, probablemente. Encarrilado el asunto, pronto se echo en falta el requerido sosiego para que en un único espacio escénico puedan tener efecto aquellas maniobras que sugieran el transito de uno a otro campo de operaciones. Desde el jardín de la hermosa Julia y sus alrededores, se producen cambios visualmente inexplicados y movimientos a ninguna parte. Ni siquiera se recurre a los fundidos para indicar que la acción se ha ido de pronto a otro lugar o que entre la que se oscurece y la que se ilumina ha pasado un cierto lapsus temporal. Unos efectos de luz muy marginales no bastan para sugerir el nuevo escenario. De otro lado, y sólo con la anécdota muy avanzada, los intérpretes parecen acordarse de aquella mímica que hace visibles las puertas invisibles que se abren y cierran. Desde luego, el tono apresurado de la historia no es ningún error de montaje sino la estrategia para hacer de la pieza un vodevil de época, con algunos ratos entretenidos y otros que se malogran dentro de un embarullado paisaje.
La interpretación es tan entusiasta como poco uniforme. Destaca el actor que encarna la figura del criado Candil y el brillo de algunos personajes femeninos. Creo que la directora desaprovechó las posibilidades de Susana Egea, mucho mas amplias que las que exhibe una Julia, objeto de deseo de Astolfo y el Duque, exageradamente estática. El programa y los papeles referidos a este galán, todavía inmaduro, inciden en la tonta manía de omitir el reparto del espectáculo. Quizá se trate de evitar las objeciones que pu¬diera merecer alguna que otra actua¬ción. Si es así, felicidades.             

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EL  PAÍS  Miércoles 16 de Febrero DE 2005

TEATRO / El galán fantasma

Teatro Tantarantana, Barcelona, hasta el 13 de Marzo         
           

Begoña Barrena

Un nuevo clásico a cargo de la compañía Teatre del Repartidor.
Una comedia de enredo de Pedro Calderón de la Barca (1600-1681). Si bien  se trata de uno de los títulos menos conocidos de su amplia obra, no deja de ser un virtuoso ejercicio de técnica teatral, de peripecias versificadas, de tramas y subtramas intrincadas cuya gracia principal es el acoplamiento perfecto de todas sus piezas, por inverosímiles que parezcan algunas.
La estructura gira en torno al tema del amor y su contrapartida, los celos. El joven Astolfo tiene relaciones con la bella Julia, quien a su vez es pretendida también por el Duque de Sajonia, cuyos celos le llevan a desenfundar su espada ante Astolfo en un arranque de hombría y herirlo supuestamente de muerte. Como era de esperar, la herida no es mortal y Astolfo pasará a ser el galán fantasma que cortejará a su querida Julia.
La sencilla puesta en escena de Pepa Calvo deja espacio a los personajes para sus exaltadas pasiones y sus intérpretes, curtidos ya en estas lides del barroco español (la mayoría formaron parte del elenco de Los empeños de una casa de Sor Juana Inés de la Cruz, montaje estrenado en este mismo teatro hace un par de temporadas), campan a sus anchas, totalmente hechos a los moldes de la época.

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EL PERIODICO  11 de Febrero 2005

‘EL GALAN FANTASMA’, una de capa y espadas
Teatro Tantarantana   estreno 4 de febrero del 2005

Una comedia inteligente, divertida y explicada con mucho ritmo.

GONZALO PÉREZ DE OLAGUER

El galán fantasma es una de las obras menos conocidas de Calderón de la Barca, sólo representada en Madrid, en estos últimos 60 años, en un montaje de Alonso de Santos en el Teatro Español (1981).
Estamos ante una comedia de capa y espada que juega con la intriga y el vodevil, a través de una historia que enfrenta, por el amor de una joven mujer, a un poderoso Duque (Iván Campillo) y al apuesto y sencillo Astolfo (David Vert). Calderón articula una serie de hechos y situaciones tras la primera escena, llenos de sorpresas y que tendrán un final feliz.
Frente a un texto sencillo y sin complicaciones ideológicas el reto es el montaje, la lectura y la interpretación. Tres retos que la directora Pepa Calvo y el Teatre del Repartidor de L’Hospitalet saldan de manera positiva. El montaje es de una sorprendente agilidad y el verso esta dicho sin buscar la declamación de antaño sino desentrañando el sentido de las palabras.
Después de los excelentes resultados que este grupo obtuvo hace dos años con Los empeños de una casa, de Sor Juana Inés de la Cruz, para muchos el espectáculo que ahora presentan en el Tantarantana no es una sorpresa. Pero la verdad es que sí lo es el buen nivel de la compañía, creada en 1993, con miembros del antiguo GAT, uno de los grupos mas solventes del teatro catalán de los años 70, radicado en esta ciudad.
Calvo lleva con facilidad EI galán fantasma de la tragedia de las primeras escenas a la comicidad y el enredo del resto de la representación, para conseguir un final feliz que, teatralmente, es pura delicia. El reparto, de 10 actores, se mueve con soltura por un escenario de pequeñas dimensiones y una escenografía sin puntos de apoyo para el actor. Es un elenco de actores con experiencia en el que, mas allá de algún grito destemplado, reina la armonía. Destacan los trabajos de Vert, Campillo y una excelente Susana Egea. La funci6n hace del ritmo una de sus mejores bazas. Una agradable sorpresa.

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GUIA DEL OCIO  Barcelona , del 18 al 24 de Febrero 2005

El galán fantasma

Teatre Tantarantana hasta el 13 de Marzo
Una de capa y espada

Pepa Calvo (Barcelona, 1958) lleva varios años trabajando el teatro clásico español con el Teatre del Repartidor, grupo heredero del GAT de L’Hospitalet, uno de los colectivos más significativos del teatro catalán de los 70. Hace dos años presentó en el Tantarantana Los empeños de una casa, de Sor Juana Inés de la Cruz, un esplendido espectáculo. Ahora, Calvo se las ve con EI galán fantasma (1635), una obra de capa y espada de Calderón de la Barca, poco conocida. Alonso de Santos la estrenó en el Español de Madrid en 1981.
Es un texto sencillo y divertido que explica la historia que enfrenta, por el amor de una joven dama, a un poderoso duque y al apuesto Astolfo. La comedia es voluntariamente ligera, pero llena de posibilidades para un montaje ágil y al mismo tiempo atractivo para espectadores sin demasiadas exigencias. EI engaño y la presencia de un galán aparentemente difunto son los pilares sobre los que el autor edifica su obra, que no repara en sorpresas y que se encamina hacia un final feliz.
Mover diez actores en un escenario pequeño siempre es un reto, del que la directora sale bien librada. Les lleva con acierto desde unas primeras escenas de tintes trágicos hasta entrar de lleno en la comicidad. Calvo apuesta par el ritmo trepidante y busca que aquellos no declamen el verso sino que lo digan de manera que se entienda el sentido de las palabras. La representación tiene un buen tono, aunque hay interpretaciones desiguales y en más de un momento el grito tenga excesivo protagonismo.

 GONZALO PÉREZ DE OLAGUER
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