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La décima Musa de México

La Décima Musa de México :  Sor Juana Inés de la Cruz
Celebramos el 350. aniversario del nacimiento de Sor Juana Inés de la Cruz la mayor poetisa de América

« Su erudición…junto con su hermosura…no podía Dios enviar azote mayor a aqueste reino.» Estas palabras llenas de preocupación las pronunció el jesuita Nuñez de Miranda, confesor de Sor Juana Inés de la Cruz. Como si ya presintiera la envidia y el peligro al que se expuso su “protegida” debido a su talento fenomenal. Pues, como monja no era muy devota y como poeta aclamada y filósofa feminista se convirtió en el “espanto del arzobispo de México”.

De niña prodigiosa a dama intelectual del palacio
Juana Inés de Asbaje y Ramírez nació el 12 de noviembre de 1651 como hija natural de un hidalgo de origen vasco cerca de la capital del virreinato “Nueva España” (México). A muy tierna edad ya sabía ller y escribir y cuando tenía ocho años, pidió a su madre que la vistiera como un chico para que pudiera ir a la universidad. Pero en su época, los estudios universitarios estaban reservados a los hombres. Así que la mandaron a la capital, donde en casa de su tío recibió clases particulares de latín, portugués y náhuatl. Ya empieza a escribir poemas y leer textos científicos y filosóficos. Cada vez que Juana Inés está descontenta con sus avances, se corta el cabello: »…no me parecía razón que estuviese vestida de cabellos cabeza que estaba tan desnuda de noticias…”
Rápidamente se difunden las nuevas de la niña prodigiosa tan intelectual, la que se encierra con sus libros durante días enteros, recita Virgilio y escribe poemas por encargo. Por curiosidad, en el año 1664, la virreina de México invita a la treceañera y Juana se convierte en una de sus damas del palacio. Muy pronto, también en la Corte su belleza y su sabiduría causan sensación y una “carrera palaciega”, así como una boda con un esposo más o menos aristocrático parecían ya programados. Pero debido al “oprobio” del nacimiento fuera del matrimonio y la falta de un dote, un casamiento conforme con su posición social resultaba inalcanzable para Juana – y tampoco era su intención. Ella tiene un solo deseo: estudiar y escribir. Y en su época hay un un solo camino de cumplir ese deseo: tomar el velo y entrar en un convento. Así que en el año 1667 se hace novicia del Convento de los Carmelitas, pero a causa de las reglas tan estrictas sólo aguanta allí unos tres meses.

La Monja-Poetisa y su panfleto en contra de los “Hombres necios”
Cuando retorna al palacio del Virrey, Juana está muy bienvenida como poetisa cortesana. En el año siguiente 1668, por recomendación del virrey, se somete a un examen científico. En presencia de “cuarenta hombres sabios”, expertos de casi todas las facultades de la Universidad de México, tiene que responder a sus preguntas y defender su opinión en una discusión que dura muchas horas. Este examen inoficial se convierte en su triunfo, su
momento estelar. Desde aquel día, cada hombre culto de la capital conoce su nombre. Sus contemporáneos hablan con asombro de la jovencita de 17 años la que no sólo impresiona a los sabios de la universidad, sino por su profunda sabiduría y retórica elegante a algunos casi los pone en ridículos. Después, tiene muchos admiradores, pero también los primeros adversarios y envidiosos. Y a pesar de su brillante presentación, las puertas de la Alma Mater siguen cerradas para ella. Como a otras muchas mujeres de su época, le queda sólo el convento como lugar de los estudios. Esta vez, toma el velo de las Jerónimas, una orden relativamente liberal, y entra en el Convento de Santa Paula. Allí hace el voto en el año 1669 y desde entonces se llama Sor Juana Inés de la Cruz. El convento se va convirtiendo en su universidad privada, su deseo de saber no se limita a la literatura y filosofía, sino se extiende a las ciencias naturales, astronomía, música y mitología egipcia. Sor Juana reside casi como una princesa – en vez de llevar una vida ascética de monja, tiene servidoras y una ´biblioteca privada cada vez más valiosa de unos cuatro mil tomos.
En año 1680 marca el inicio de una “secularización” aún más clara de su vida y conducta, así como el comienzo de la década más fructífera de su obra. En ese año escribe la famosa “Sátira Filosófica”, su poema más popular, que constituye una acusación de la doble moral masculina y provoca un escándalo en la Corte y sobre todo en círculos eclesiásticos:
“Hombres necios que acusáis/ a la mujer sin razón/ sin ver que sois la ocasión/ de lo mismo que culpáis…“ En sus versos, la monja trata abiertamente el tabú de la prostitución y reprocha a los hombres que desean mujeres como putas, aunque oficialmente las buscan santas :“¿O cuál es más de culpar…/la que peca por la paga/ o el que paga por pecar ? “ Concluye Sor Juana su poema escandalosa con la recomendación lacónica “Queredlas cual las hacéis/ o hacedlas cual las buscáis”. Esos versos rebeldes le dieron la fama de “feminista barroca” y posteriormente la convirtieron en la representante simbólica del feminismo literario.

La exaltación culteranista de la palabra
El nuevo Virrey, Marqués de la Laguna, y su esposa Doña María Luisa hicieron su entrada solemne en la capital en noviembre de 1680. Estos virreyes apoyan generosamente a la monja-poetisa Sor Juana como mecenas y ella pasa mucho tiempo en su palacio. Ya algunos contemporáneos cuchichearon que la relación entre Sor Juana y la virreina era “poco natural“. El hecho de que unas de sus mejores poesías amorosas están dirigidas a Doña María Luisa a la que llama Divina Lysi favorece tales especulaciones. Pero teniendo en cuenta el ambiente barroco y los homenajes habituales para celebrar los monarcas, desde el punto de vista actual será muy difícil aclarar hasta dónde llegó el sentimiento auténtico debajo de la forma patética de las metáforas sorjuanistas y si de verdad se trató de una relación erótica.

El gobierno del Virrey Marqués de la Laguna estuvo marcado por entusiasmo por las artes y los ambientes cortesano y universitario se caracterizaron por una exaltación culteranista de la palabra. Teólogos filósojos solían enfrentarse en discusiones llenas de lenguaje conceptuoso y actitud teatral tan típico del Barroco. Había un «redescubrimiento» del Náhuatl, de la lengua de los aztecas. En los círculos cortesanos, los poetas se dedicaron a la creación de poemas patéticos o satíricos como si competieran en deportivamente. Y en casi cada evento cultural, ella, la mayor poetisa de América, era coronada de gloria : Sor Juana Inés de la Cruz obtuvo cada premio, sus obras de teatro lograron éxitos espectaculares y sus admiradores la adoraron casi como a una diosa, llamándola “Décima Musa” o “Fénix de México“.

La Sombra tenebrosa del Arzobispo
La Inquisición empezó a observar críticamente la vida y obra de Sor Juana, pero como los virreyes, sus Mecenas poderosos, la amparaban, los Señores del Santo Oficio no se atrevían a atacarla. Pero estaba creciendo cada vez más el poder de uno de sus adversarios más enconados. El nuevo arzobispo de México, Francisco Aguiar y Seijas, era un príncipe de la Iglesia ascético, colérico y nada tolerante en cuestiones de la moral. Las fiestas y diversiones profanas, así como las actividades culturales en la capital del virreinato le causaban horrores. Especialmente los éxitos de la Décima Musa, la monja-poetisa Sor Juana, provocaron su ira, ya que era un misógino declarado. Nunca concedió audiencia a una mujer y reaccionó ya de manera alérgica a la sola presencia de mujeres. El arzobispo pronunció la siguiente frase que demuestra muy claramente su opinión de las mujeres: “Cuando jamás entre mujer en mi cas, habrá que arrancar el pavimento que haya pisado.” Mientras que el Marqués de la Laguna fuera virrey, ese arzobispo poco simpático no se atrevió a atacar abiertamente a Sor Juana, pero como una sombra tenebrosa acompañaba todas sus actividades y éxitos.

El “Primero Sueño” – un Canto de Cisne del Barroco
En el año 1689, Sor Juana puede celebrar triunfos esplendorosos y sabe demostrar su variedad literaria. Su comdeia “Los Empeños de una Casa” y su tan interesante como peligroso Auto Sacramental “El Divino Narciso” se etrenan con gran éxito y en Madrid se publica el primer tomo de sus Obras Completas. Su amiga Doña María Luisa, la Ex-Virreina que había regresado a España el año anterior, paga la imprenta de sus versos. Naturalmente, el libro de Sor Juana se convierte en un best-seller. Pues, en la “Madre Patria” española, donde después de la muerte del gran Calderón de la Barca (1681) la época literaria del Barroco parecía ya concluída, ávidamente gozaron de la lectura de ese último canto de cisne del Barroco que les llegaba como un eco de la lejana otra orilla del océano para hacer renacer de nuevo el pomposo arte poético de un Calderón o un Góngora.
Aparte de las odas habituales a personajes más o menos importantes de la vida pública las que hoy día sólo conservan valor histórico, esas Obras Completas contienen poemas geniales y extraordinarios de todos los tipos : Sonetos, Romances, Canciones, Villancicos populares, la ya citada “Sátira”. Es notable el alto porcentaje de lírica filosófica. A esa temática pertenece aquella obra que escribió “por gusto” y que para muchos críticos es el poema más genial que jamás se escribió en lengua española: el “Primero Sueño”.
Se trata de una obra filosófica y monumental, escrita en forma de una silva que describe en 975 versos un itinerario nocturno soñado por el alma humana en su busca de entendimiento. Sor Juana define su intención como deseo de saber:

“Siendo de noche me dormí, soñé que de una vez quería comprender todas las cosas de que el universo se compone…”

Doscientos años antes de Freud y C.G. Jung describe ella las distintas fases del sueño y la visualización de deseos subconscientes por imágenes estrafalarias. Existe un contraste interesante entre su análisis racional de fenómenos naturales y físicos y su lenguaje barroco que construye pomposos castillos de palabras. Al final de ese nocturno vuelo intelectual (¡no místico!) del alma le espera el triste desengaño: el entendimiento omnisciente será inalcanzable – un fugaz sueño nocturno del que se despierta con la salida del sol. Pero a pesar de ello, Sor Juana sigue atizando apasionadamente el deseo imposible de entender todo y algunos de sus versos más atrevidos en la última parte del poema parecen un desafío a los Señores del Santo Oficio: “…donde el ánimo halla/ más que el temor ejemplos de escarmiento/ abiertas sendas al atrevimiento/ que una vez trilladas, no hay castigo/…al ánimo arrogante/ que, el vivir despreciando, determina/ su nombre eternizar en la ruina/…que alas engendra al repetido vuelo/…las glorias deletrea/ entre los caracteres del estrago.”
¿Acaso ya preveía en esa figura del Ícaro su proprio destino?

Una intriga resulta fatal
Después del retorno de sus protectores, los virreyes, a España en el año 1688, Sor Juana siente cada vez más la enemistad del arzobispo de México. En el 1690, la monja-poetisa escribe una obra extraña: un tratado teológico en el que critica duramente un sermón del jesuita portugués Vieira publicado cuatro décadas antes. ¿Qué pretendía con ese texto y quién se interesaría por un sermón que ya tenía cuarenta años? Probablemente, en todo el virreinato de México sólo un clérigo: el arzobispo Aguiar y Seijas. Como sabían todos los contemporáneos, era un gran admirador del jesuita portugués. Por ende, una crítica despiadada de la obra de Vieira equivalía a un ataque al arzobispo – y esto era exactamente la intención. ¿Pero la intención de quién? La crítica no fue publicada por Sor Juana misma, sino por el obispo de Puebla de los Ángeles, un amigo de ella. Él hace imprimir el texto con el título “Carta Athenagórica” y bajo el pseudónimo de Sor Filotea de la Cruz, incluyendo una réplica, en la que recomienda a Sor Juana dejar los estudios y preocuparse por su eterna salvación. Hasta hoy día no se pudo aclarar si el obispo de Puebla hizo un papel ambiguo, sirviéndose de Sor Juana como instrumento en contra de su odiado rival en México o si Juana fue colaboradora en un ataque común. La ira desencadenada del prelado sólo se dirigió contra ella.

La Mitad del Cielo
Pues, desde hizo años, los poemas y obras de teatro de la Décima Musa provocaron el enojo del arzobispo. Pero en aquel momento, ella incluso se había atrevido a “invadir el dominio sagrado de hombres sabios”: la discusión teológica, terreno prohibido para mujeres. De nuevo, invade ese terreno con su “Respuesta a Sor Filotea de la Cruz” (1691). Esa epístola será la última obra maestra de Sor Juana y se nos presenta casi como un “manifiesto feminista” en el que elabora estrategias de legitimación para defender el derecho de las mujeres a estudiar y discutir cuestiones teológicas y filosóficas. Primeramente, se refiere a numerosas mujeres sabias que desempeñaron papales importantes en la historia de la religión y de la filosofía, comenzando con la profeta Débora del Antiguo Testamento, pasando por Santa Catalina de Alejandría y hasta Santa Teresa de Jesús. Para justificar su punto de vista, construye un “baluarte de citas” muy hábilmente escogidas que sirven para propagar actividades literarias o docentes de mujeres. Al final, añade unas confesiones autobiográficas y admite francamente que para ella, la oportunidad de estudiar había sido el motivo principal para tomar el velo. Toda su argumentación en la “Respuesta a Sor Filotea” sirve para reclamar para las mujeres lo que Dios les conceda desde siempre: la mitad del cielo (y de la tierra).

La caída del “Fénix de México”
Los tres últimos años de vida de Sor Juana se oscurecen por un temor permanente a la Inquisición y la venganza del arzobispo misógino. Aguiar y Seijas prohibe obras de teatro, impone reglas más estrictas en el convento de Santa Paula, pronuncia una prohibición de visitas y realiza otras medidas represivas similares. El Cielo también parece mandar terrores, ya que se desencadena toda una serie de catástrofes en México que van creando un escenario cada vez más apocalíptico y acelerán la caída de la gran poetisa. El preludio de ese concierto tenebroso es un ecipse del solen julio del añ 1691, luego siguen una sequía horrible, una plaga de gorgoja que destruye la cosecha del maíz, hambre en el 1692, rebeliones en la capital que llevan al incendio y saqueo del palacio real. En ese ambiente claustrofóbico van creciendo supersticiones y el poder de la Iglesia. El arzobispo pide actitud ascética y desprecio de sí mismo a la población. Cada vez más aislada, Sor Juana se ve obligada de entregarle al arzobispo lo más valioso que tiene: su biblioteca. Se retira luego a una celda austera y oscura. En ese triste lugar escribe en el 1694, un año antes de su muerte, aquel último y terrible texto, en el que promete renunciar definitivamente a los estudios y al escribir, “para entrar en el camino de la perfección”. Firma ese escrito con su propia sangre y las palabras “Yo, la peor del Mundo”. ¡Qué documento más estremecedor del suicidio intelectual de la Décima Musa! ¡Qué soledad, temores y presión habrá experimentado para humillarla de esa manera ! El día 17 de abril de 1695, Sor Juana muere de la peste y arrojan su cuerpo a una fosa común al lado del Convento de Santa Paula.
Al mismo tiempo, en España y otras partes del mundo hispanohablante, las ediciones de sus obras alcanzan gran popularidad y sus propias palabras que había escrito como prólogo, sobreviven a su tragedia personal:

   “No hay cosa más libre
   que el entendimiento humano
   ¿Pues lo que Dios no violenta –
   por qué yo he de violentarlo?”

                                                                                                 Berthold Volberg

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