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EL PERIODICO ,  domingo 22 de Diciembre de 2002

LOS EMPEÑOS DE UNA  CASA, amores entre capas y espadas

Autora  Sor Juana Inés de la Cruz
Teatro   Tantarantana

Estreno  18 de diciembre del 2002
 

Una obra para lucimiento de actores que saben decir un buen texto.

Los Empeños de una casa forma parte de la desconocida obra teatral de Sor Juana Inés de la Cruz, autora del Siglo de Oro cuya obra dramática, como la de otras mujeres de esa época, está en el cajón de los olvidos. El Teatre del Repartidor nació del desaparecido GAT de L’Hospitalet, en 1993, y ahora recupera este buen texto.
Texto de enredos, de capa y espada y con el tema calderoniano del honor moviéndose entre los episodios de una historia de amor. La obra esta escrita con una claridad meridiana y utiliza un verso sin ningún tipo de com¬plicaciones. Personajes aparentemente sencillos, involucrados en una historia divertida y de referencias próximas. Sombras y mascaras, engaños y, sobre todo, un juego teatral lleno de efectos, que el publico agradece.
Con un texto así, propio del mejor teatro barroco español, Pepa Calvo ha construido un espectáculo con una docena de actores que se sigue con la sonrisa puesta y que tiene escenas formidables, que el público ríe abiertamente. La directora imprime un ritmo de entradas y salidas propio del vodevil y juega bien los apartes que le propone el texto, lo que contribuye al buen nivel que alcanza la representación.
Un buen reparto, que dice de forma clara el texto y en el que las actrices Susana Egea, Anabel Moreno e Imma Ochoa se quedan con los espectadores. Antonio Alcalde compone un criado mexicano que es una pura delicia. El espectáculo supone una hora y media de buen teatro, eficaz, y centrado en el texto y el actor.

 GONZALO PEREZ DE OLAGUER
                                                               

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EL PAIS, lunes 23 de diciembre de 2002

LOS EMPEÑOS DE UNA CASA   

Empeños de mujeres

La compañía Teatre del Repartidor ha rescatado una comedia clásica del barroco español. Los empeños de una casa es un vodevil de sor Juana Inés de la Cruz, que Pepa Calvo, directora del montaje y autora de la versión, ha recuperado para reivindicar a las autoras ignoradas de la época. Conocida como poetisa, la monja mexicana sor Juana Inés de la Cruz cultivo también la faceta de dramaturga, pero a diferencia de Calderón, Lope o Tirso, sus obras, como las de otras autoras, no pasaron a las antologías y repertorios que glosan la historia del teatro. Las mujeres siempre lo hemos tenido difícil. De ahí las mañas y artimañas que nos han caracterizado siempre para conseguir lo que nos proponemos. De eso trata la obra.
Doña Ana esta enamorada de don Carlos, pero no se ve corres¬pondida porque éste sólo tiene ojos para doña Leonor. Don Juan quiere a doña Ana, pero ésta, desde que conoció a don Carlos, ya no le hace caso. Don Pedro, el hermano de doña Ana, pretende a doña Leonor, pero ella corresponde a don Carlos. Don Rodrigo, padre de doña Leonor, quiere casar a su hija con don Pedro. Como se ve, estamos ante una comedia de lances galantes, pasiones y mucho enredo del que son sus máximos responsables Celia, la criada de doña Ana, y Castaño, el lacayo de don Carlos. Porque las mujeres, junto a los lacayos, son los protagonistas de la acción, la hacen y deshacen mientras los señores reaccionan ante las situaciones que aquellos provocan.
Fingimientos decorosos, festejos lícitos e ilícitos, encuentros y desencuentros, mantos que cubren y espadas que amenazan se desenvuelven en una escenografía simple y eficaz. Una obra de estructura clásica que conserva, en la versión de Pepa Calvo, el verso rimado del original y del que tan sólo se han eliminado algunas escenas por reiterativas. Un lenguaje ingenioso, agudo y a menudo arcaico en el que todos los actores parecen sentirse muy a gusto. Es notable la interpretación de todos ellos y los distintos matices que cada personaje es capaz de transmitir. Así, doña Ana (Anabel Moreno) es superficial y caprichosa, mientras que doña Leonor (esplendida Susana Egea) sufre de verdad. Imma Ochoa logra una Celia divertida junto a un Antonio Alcalde, en el papel de Castaño, que recuerda a Cantinflas y se lleva todas las carcajadas en la escena en que se trasviste. Les siguen Manel Solas, con su imponente don Rodrigo, y el resto del reparto que, sin destacar consigue arropar a los anteriores.

    BEGOÑA BARRENA
 
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LA  VANGUARDIA,   Sábado 21 de Diciembre de 2002

Felices empeños de la monja mexicana

LOS EMPEÑOS DE UNA CASA

Lugar y fecha: Nou Tantarantana (18/XII/2002)

Muy escasas noticias suelen producirse en torno a la obra teatral de Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695), nombre principal de las letras mexicanas, la llamada “Fénix de México”- replica del “Fénix de los ingenios” – que a los 17 años estaba “bien versada en todos los géneros y métricas de la literatura española”, según Karl Vossler.
Monja tremenda fue, sin duda, Sor Juana Inés, que proclamó los derechos de la mujer y la libertad de creación literaria frente a la autoridad. episcopal. Antes de profesar sus votos, la autora había sido dama de la esposa del marqués de Mancera y de las fiestas y regodeos cortesanos que se montaban los virreyes de España, la jovencita aprendió los modos de los galanes fatuos y de las señoras que ahogaban sus equívocos suspiros en apretados corpiños. “Los empeños de una casa”, comedia de capa y espada y enredo, con influencias claras de Lope de Vega, fue uno de los productos que irritarían a cualquier mitra de la Santa Madre.’ .
El Teatre del Repartidor, compañía surgida del Grup d’Accio Teatral (GAT) de I’Hospitalet y que dirige Pepa Calvo, nos descubre hoy las virtudes de una pieza que, aun recurriendo a muchos lugares comunes del teatro barroco, revela tres cualidades notables: una gran habilidad versificadora, un profundo conocimiento de la psicologia femenina y el perfecto ordenamiento y control de la estructura dramática. “Los empeños de una casa” va de amores cruzados y de espadachines conquistadores. Hay confusiones y engaños y actúa con positiva eficacia el “disfraz”, en tanto que elemento de un travestismo gracias al cual, finalmente, las cosas se ponen en su sitio y cada oveja con su pareja.

Pepa Calvo rejuvenece con buenas dosis de alegría escénica una comedia antigua, inevitablemente desactivada en su capacidad de sorprender. La forma del lenguaje teatral, el cómo de la acción y la dicción y criterios claros a la hora de manejar el crescendo dramático son cuestiones que aparecen resueltas con indudable acierto. El uso de los muchos apartes que utilizan los personajes, pidiendo la continua atención del espectador, la modulación del verso y el ritmo progresivamente acelerado y festivo del cuento me parecen las virtudes mas destacadas del montaje.
El capitulo interpretativo, un tanto irregular, no registra ninguna nota disonante y sí, en cambio, algunas actuaciones muy estimables. La de Imma Ochoa, por ejemplo, muy segura aunque tal vez demasiado elocuente en los guiños de su criada Celia; las de las damas Annabel Moreno y Susana Egea y, en especial, la de Antonio Alcalde, un lacayo “gracioso” con acento mexicano y una gestualidad magnifica, que se erige en pieza clave en el desenlace de la diversión.
                                                                        

JOAN ANTON BENACH

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