Texto de presentación “Terror y miseria …”

Francisco Franco Bahamonde, el general superlativo, General-ísimo y Caudillo por la Gracia de Dios según la propaganda nacional-católica de aquella dictadura militar, es apenas una fotografía para los millones de ciudadanos españoles nacidos ya en democracia, pero tan sólo un vago recuerdo borroso para quienes tienen ahora menos de cuarenta y cinco años. Por eso, para refrescar la memoria colectiva de la actual sociedad democrática española, conviene recordar que la República no hizo la guerra sino que se la hicieron, es decir, que el 18 de julio de 1936 el general Franco encabezó un golpe de Estado militar fascista contra la legalidad democrática republicana que representaba el gobierno del Frente Popular. Y conviene no olvidar tampoco –como afirma don Luis a su hijo Luisito en el epílogo de Las bicicletas son para el verano, obra dramática de Fernando Fernán Gómez- que el 1 de abril de 1939 no llegó la paz sino la Victoria. Y con ella una feroz y cruel represión (cárceles, juicios sumarísimos, fusilamientos) contra los “rojos” vencidos (anarquistas, comunistas, socialistas, republicanos) que no habían conseguido atravesar la frontera francesa para iniciar un demasiado largo exilio.
Así que, a partir de 1939, se implantó en España por razón de la fuerza -que no por la fuerza de la razón- un régimen de terror “azul” que impuso un modelo de vida en donde la Falange era políticamente hegemónica y a la Iglesia católica, que había bendecido la guerra civil como Cruzada, se le recompensaría con el monopolio de una educación concebida como negocio espiritual y material. Una educación nacional-católica que pretendía la formación del espíritu nacional (o mejor, nazi-onal) desde la convicción profunda de que para ser un buen español, amante de la Patria -de una España una, grande y libre-, se debía ser buen cristiano y buen fascista: Cara al sol, prietas las filas, por el Imperio hacia Dios, ¡Viva Franco!, ¡Arriba España!
   José Sanchis Sinisterra, con el telón de fondo del Brecht de Terror y miserias del Tercer Reich, nos plantea en estas ocho escenas –escritas entre 1979 y 2002- algunas situaciones dramáticas que caracterizaron la vida cotidiana durante aquellos oscuros años cuarenta: las miserias de la guerra (Primavera 39); la imposición de una interpretación “oficial” de la historia de España por parte de los vencedores (El sudario de tiza); el hambre (Plato único); la denuncia de la corrupción, el estraperlo y la miseria moral dominante (El anillo); la violencia fascista (Filas prietas); la situación de hacinamiento y de humillación de la dignidad humana en las cárceles franquistas (Intimidad); los miedos respectivos y distintos de dos vencidos republicanos, uno dentro y otro fuera de España (Dos exilios);o el drama de los republicanos ocultos por terror a la represión (El topo).
Ocho escenas, temas y situaciones de la vida cotidiana que, obviamente, no se pudieron plantear en escena abiertamente durante los treinta y seis años de dictadura militar franquista por la existencia de una férrea censura nacional-católica, que impedía la libertad de expresión en un régimen que prohibía también las demás libertades democráticas. Ocho temas de la vida cotidiana que el autor ha querido abordar estéticamente desde una perspectiva múltiple y variada –desde el sainete popular (Plato único) a la “alta comedia” (El anillo)- porque, según él mismo afirma, “cada escena, cada situación, remite a un estilo, a una modalidad teatral diferente”.
  
         Y todo ello, claro está, para reavivar nuestra memoria democrática; para luchar contra el olvido de aquel terror y miserias del franquismo, que no fueron exclusivos de los años cuarenta; para luchar contra el peligro del memoricidio, puesto que, en palabras del propio autor, “para las últimas generaciones –las nacidas tras el “desarrollismo”- toda aquella sorda abyección va camino de confundirse con las guerras carlistas y la rendición de Breda”. O, dicho de otra manera, para que “toda aquella sorda abyección” franquista no se diluya hoy en la niebla edulcorada de la desmemoria y del olvido; para que no sea posible que, en un futuro más próximo que lejano –tal y como alertaba un resistente antifranquista tan lúcido como Manuel Vázquez Montalbán-, en una enciclopedia redactada por intelectuales orgánicos “populares”, los jóvenes españolitos del siglo XXI puedan leer textos “ejemplares” como el siguiente: “Franco, Francisco: general bajo cuyo mandato florecieron las artes, las ciencias y las letras”.

                                                                               Manuel Aznar Soler

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